NOTAS DE INTERES

Una pesca de altura ( 2 de abril 2018)

Dado a los buenos pronósticos del clima anunciados para ese sábado de abril, decidimos programar una salida con los kayaks en busca de algunas especies de mar adentro, que generalmente habitan en fondos de piedras y a profundidad.

La zona elegida fue para este caso Rocas Negras, en la localidad de Mar del Sur distante a 17 km de la ciudad de Miramar. Es una formación rocosa en forma de espigón natural que encierra una pequeña bahía, profunda y bien reparada.

Sobre la terminación rocosa que se interna en el mar se encuentra una imagen de la Virgen María. La ermita de la Virgen es de gran devoción popular, también es conocida como la virgen de los caracoles.

El suelo de la pequeña bahía está formado de canto rodado oscuro y conchillas, cuenta con buena profundidad a no más de una milla náutica de la costa, su fondo es duro de piedras y en algunos lugares cuenta con un relieve escabroso, ideal para intentar la pesca de salmones.

Durante el otoño es la época ideal para la búsqueda de meros, salmones y besugos en profundidades que van de los 12 a 24 metros, siempre hablando de fondos duros.

A las 6.30 A.M quedamos en encontrarnos en la rotonda del faro de la ciudad de Mar del Plata. Fuimos de la partida un viejo grupo de pescadores en kayak, Alfredo Iturrioz (el vasco) Federico Ioco (el muñeco) Héctor Walquer (el negro) y quien relata (el profe). Pensándolo mejor todos pescadores viejos, en kayak.

Llenos de entusiasmo, como chicos, emprendimos la caravana hacia la ciudad de Miramar y luego a Mar del Sur. Llegamos con las primeras luces de la mañana, con unas condiciones climatológicas ideales.

El mar era un verdadero charco de aceite. Pocas veces lo recuerdo de esa manera sabiendo que todas son únicas. Nunca se repiten condiciones exactas en el mar, siendo un medio sujeto a tantas variables hace que el mínimo cambio de una de ellas modifique las características del agua y por ende de la navegación, muy fácil de percibir en nuestras pequeñas embarcaciones.

Lo único que vimos como inconveniente era llegar a la pequeña bahía de Rocas Negras debido al mal estado de los caminos, así que decidimos bajar en una playa cercana que ofrecía buen reparo. Para la larga remada que teníamos programada 1000 metros más no iban a cambiar mucho la cosa y más en las condiciones que se presentaba el mar.

Sabíamos que el point de pesca era justo en frente a la bahía, a partir de una buena distancia de la costa.

AL AGUA

Una vez alistadas las embarcaciones, con todos los detalles que hacen a la seguridad para una larga remada en el mar dejamos la playa y pusimos rumbo hacia el SE. Solo hizo falta sortear una pequeña ola orillera que rompía a dos metros de la línea de playa para contar con agua segura para la navegación.

Ni bien comenzamos la remada se advertía una gran actividad sobre el agua. Anchoas y palometas acorralaban cardúmenes enteros de pequeños pejerreyes. Decidimos aprovechar el viaje paseando algunos señuelos hasta llegar al point.

Solo logramos algunas palometas, en la zona cercana a la costa. A medida que ganábamos profundidad los cardúmenes desaparecían. Se podía ver, por la pantalla de la eco un fondo oscuro, duro salpicado con algunas piedras sueltas.

Después de media hora de remada nada parecía muy atractivo, refiriéndonos a las imágenes de las dos ecosondas que llevábamos. Una por cada grupo divididos en dos y comunicados por V.H.F.

Decidimos darle un final al primer tramo y comenzar algún intento fondeados, a una profundidad de 24 metros sobre un piso de piedra, no el ideal, pero con algo de actividad a vista de pantalla.

A esas profundidades la forma de fondearse y más estando en grupos cambia, para hacerla maniobra más práctica, generalmente uno solo lleva cabo suficiente para esas profundidades y lo comparte con un compañero quien se amarra al kayak fondeado. La idea es repartirse un poco el equipo debido a todos los metros necesarios de cabo para llevar en estas incursiones. Debido a las magníficas condiciones el abatimiento del viento era nulo y las corrientes de marea imperceptibles bajo una luna en menguante.

EL PLOMO NO LLEGA MAS

Acostumbrados a pescar entre 5 y 8 metros de profundidad, aun con plomadas de 140 gramos el viaje de la línea hasta el fondo se hacía muy largo.

La línea, muy sencilla y resistente como para alguna sorpresa, la madre del 0.9 con dos brazo ladas de acero y rematadas con un mosquetón para poder hacer un rápido cambio de los anzuelos de acuerdo a las especies.

Una vez ya fondeados, el grupo rápidamente puso las líneas en el agua, en los primeros intentos comenzó la actividad para todos.

La especie preponderante, besugos de todos los tamaños, algunos muy grandes, llamados muchas veces dentones por que llegan a desarrollar verdaderos dientes para romper los moluscos.  Eran muy comunes los dobletes, que eran buscados por nosotros mismos, dejando al primer pez enganchado unos segundos para esperar el segundo pique.

Mezclados también salían turquitos o chanchitas, lamentablemente los turquitos y besugos chicos que eran devueltos al agua al rato se veían flotando alrededor del kayak, se ve que la descompresión de los 24 metros dañaba sus órganos internos. Hay que ver que estamos hablando de más de dos atmosferas de presión a esa profundidad.

Los piques siempre se presentaron en forma continua y los descarnes también, lo que hizo que tuviéramos que usar filete de besugo o turquito a mitad de jornada.

Los jigging pequeños, como para estas especies no llegaban bien al fondo, los más pesados, de mayor tamaño no recibían ningún ataque. Volviéndose la pesca algo monótona decidimos cambiar de lugar.

A esa hora de la mañana el sol pegaba a pleno, sin nada de viento o brisa con el traje de neopreno nos estábamos cocinando, quien diría durante el mes de abril y en Mar del Sur.

 

ENCONTRANDO JUSTO EL LUGAR

Recordé que unos cinco años atrás había obtenido un lindo salmón no tan lejos de la costa, frente a una edificación que se observa a un costado de la bahía de Rocas Negras.

El fondo era bien irregular y la profundidad rondaba entre los doce y dieciocho metros. Desgraciadamente en esa época no contaba con un G.P.S como para grabar el point.

De todos modos, decidimos movernos hacia esa zona para intentar algo de suerte. Después de uno veinte minutos de remada volví a ver el mismo fondo irregular que tanto estaba buscando.

La profundidad rondaba los dieciocho metros, muy a lo lejos podía verse la marcación entre los médanos. Viendo algo de actividad en las dos ecosondas, decidimos fondear para comenzar a pescar.

Seguían los besugos en todos sus tamaños, pero esta vez los piques eran más espaciados, teníamos la esperanza que dejaran comer a otras especies.

De pronto veo la caña de mi compañero Héctor arqueándose inconfundiblemente ¿será salmón? Me desenganche del fondeo para tratar de capturar alguna buena imagen. Era una incesante lucha de algo pesado y grande que tiraba bien en forma vertical hacia el fondo.

Luego de unos cuantos minutos de pelea asomo vencido un magnifico ejemplar de salmón que Héctor aseguro rápidamente arriba del kayak.

Al grito de ¡salmón salmón!  Dimos por enterado al resto del grupo que estaba algo lejos de nosotros.

Quiero aclarar que la captura de un solo ejemplar de esta especie por grupo es algo que puede dejar a todos por satisfechos. Con las limitaciones obvias que tenemos arriba de nuestros kayaks es una hazaña importante, no tan fácil de lograr. Creo que fue gracias a lo obstinado que fue Héctor con su técnica, que al final dio sus frutos, mucha carnada por anzuelo, soportar los continuos descarnes y reponer continuamente.

Por mi parte ya había dado por terminada la jornada de pesca, estaba más preocupado por la larga remada que me separaba a la costa y al almuerzo que íbamos a preparar con el grupo sobre la playa.

FINAL INESPERADO

De regreso emprendí la remada con el vasco Iturrioz, Héctor decidió quedarse un rato más alistando el kayak y volvería con Federico.

Durante la vuelta, como para acortar la distancia comentábamos los resultados de la pesca, en general buena con lindos besugos para todos, algo de variadas palometas, anchoas y un par de bagres de mar. Comentábamos también que los grandes ausentes fueron los meros y tiburones gatopardos, muy comunes por estos lados en esta época del año.

Al llegar a la playa notamos dos puntos que se movían en el horizonte, sabíamos que contábamos con casi 15 minutos hasta que llegaran ellos, lamentablemente nos habíamos quedado sin comunicación ya que Héctor y Federico no contaban con radios.

Aprovechamos ese tiempo para bajar las cosas del kayak y por otro lado ir preparando algo del ansiado almuerzo. En eso los veo llegar a los dos, primero Federico, salió del agua mordiéndose los labios y meneando la cabeza, atrás Héctor, el negro, haciendo la V de la victoria con los dedos.

Supuse que era porque se sentía ganador, y nos pide ayuda para mover el kayak, vengo muy cargado dice, la sorpresa fue al acercarme. No, no lo podía creer había clavado otro más en el rato que lo había dejado solo.

Si con uno bastaba, con dos sobraba para coronar esa magnífica jornada.

  Para este tipo de pesca en kayak se requiere de cierta experiencia, equipamiento y estar acostumbrado a remar distancias considerables, aun tratándose de kayaks abiertos.

Para tener algo de éxito es bueno contar con algo de tecnología, ecosondas o puntos guardados en G.P.S, y desde ya tener con un excelente pronostico meteorológico para toda la jornada.

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